18 Mayo, 2017 \

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***Una liga que hace denodados esfuerzo por preservar el espectáculo, empero el béisbol profesional, se expone a una debilidad, frente a la posible pérdida de su histórica tradicionalidad y brillantez

 

 

Nunca el deporte venezolano, sobre todo en lo atinente al nivel profesional, había sido tan vulnerable a diversos inconvenientes, algunos de los cuales se han convertido en escándalos, muchos de ellos expuestos a las algazaras e incómodos aquelarres profundamente vinculados a los simpatizantes del deportivismo profesional.

Esa farragosa situación, de nunca acabar por la que atraviesa -sobre todo-, el béisbol profesional, viene a constituirse en una perenne mácula que, acaso la borrarían los aspectos de una generosidad organizativa en la que prevalezca el interés de erradicar los elementos o factores que, absurdamente, le entorpecen.

Más allá de esa desbarajustada descomposición, surgen desconcertantes enredos y complicaciones, cuyas reprensibles incidencias, no solo son proclives a la crítica, si no que al propio tiempo se interpretan como una especie de marasmo, de enflaquecimiento, impidiendo el normal desenvolvimiento de la pelota rentada.

Si en la temporada pasada surgieron atrevidas amenazas relacionadas con el arrendamiento del estadio universitario, motivado a que no hubo un tratado primario a ese respecto con los equipos capitalinos (Tiburones de La Guaira y Leones del Caracas), las cosas llegaron a términos bochornosos, a situaciones engañosas, cuando las partes apenas orientaban acerca de un posible acuerdo, pero en ningún caso se advertían arreglos o definitorias sobre el particular. Pasaron semanas y meses, en medio de un caprichoso y permanente embrollador guabineo.

En fin de cuentas, se soltaron las amarras: por un lado el buque salió de la rada, mientras los escualos le seguían los pasos, empero con  la inquietud y la desconfianza que se cernían sobre ellos, frente a un eventual cierre de las puertas del recinto universitario.

A poco menos de cinco meses para la realización de los preparativos inherentes a la temporada 2017-2018, el béisbol no escapa de nuevos inconvenientes, similares a los de la contienda anterior, cuando apenas se lanzan esperanzadores avisos sobre una eventual solución de los males que circundan a la Liga Venezolana de Béisbol Profesional (LVBP). A la postre significan  tímidos anuncios, a lo que parece, teniendo en cuenta que ya  comenzó el debate entre los equipos integrantes de la entidad que los regenta.

Se trata de una reunión forzada en procura de discutir en torno a la planificación del tradicional evento, estando también en el tapete lo relativo a la Serie del Caribe, prevista ejecutarse en febrero del año entrante en la larense ciudad de Barquisimeto.

Emergen temas, muy pecaminosos, como el alquiler de estadio Universitario, los llamados dólares preferenciales. Puntos álgidos a ventilar, los cuales crearon desasosiego en la comunidad amante de ese deporte.

Esos desconcertantes contextos crearon desánimo al punto tal que el béisbol sufrió un bajonazo en la concurrencia a los diferentes escenarios. Una temporada debilitada y carente de los acostumbrados atractivos (…) ausentes de forma paulatina.

La realidad es otra, y, hasta más peligrosa que la problemática anterior, cuando el gobierno, a través del Ministerio del Deporte, promete una cantidad en dólares preferenciales menor que la aportada en la temporada pasada. Significa ello un punto de quiebre del popularizado evento, aunque las dificultades podrían empeorar, porque ello conllevaría a la reducción de jugadores importados, estando en peligro el probable reajuste de la actividad en la originalidad de la agenda. Por el momento la respuesta de la entidad es serena, sin ningún otro aspecto que el manejo de un natural y nuevo intento concerniente al afianzamiento del espectáculo.

¡Sin que sea el fin de una era!