5 Junio, 2017 \

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I

La presencia rusa en Latinoamérica y en Venezuela es cada día mayor. Rusia es históricamente una potencia mundial que había tenido pocas relaciones con la región,  pero que en lo que va del siglo ha aumentado exponencialmente su presencia.

La presencia rusa

Washington, luego del 11-S, dejó un vacío en la región al centrarse mucho más en lo militar para enfrentar al terrorismo islámico, que en lo económico. Esto permitió que Rusia, China e Irán, sus enemigos geopolíticos, entraran de la mano del castrochavismo a la región. En este  periodo de acercamiento y asociación con occidente Moscú buscó obtener ventajas para afianzar su poder e influencia en áreas cercanas a EE.UU. así como lo hizo occidente con las ex repúblicas de la Unión Soviética.  Es lo que analistas como Alberto Hutschenreuter denominan “medidas propias de reparación estratégica y afirmación geopolítica”  que “no sólo implicarían incrementar la cooperación técnica y militar con países de la región, sino reabrir bases militares”.

Las armas rusas

En 2014 la empresa de armas  rusa, Rosoboronexport,  informaba que Venezuela era líder en Latinoamérica en compras de armas rusas con US$11.000 millones, que incluían sistemas antiaéreos, aviones, helicópteros, tanques, misiles para tanques y sistemas de misiles.

Se han realizado maniobras conjuntas con los rusos. Unas navales, a  fines de 2008, donde participaron  el  crucero nuclear misilístico  Pedro el Grande, un destructor, dos navíos de escolta y cinco aeronaves. A raíz  de la muerte de Chávez Venezuela recibió las v isitas de bombarderos estratégicos de largo alcance Túpolev y una flota que incluyo un crucero misilístico, buques antisubmarinos, además de un portaviones.

En 2015, el ministro de la Defensa venezolano, Vladimir Padrino, invitó a los rusos a maniobras conjuntas en su país. Se ha hablado una y otra vez sobre la posibilidad de establecer bases rusas en Venezuela.

Se han firmado varios convenios militares binacionales. Los de 2009 y 2014 han sido clasificados como secretos. A fines de 2016 Maduro anunció que compraría más material bélico y el pasado mes, el ministro Padrino López viajó a Rusia  “para fortalecer las alianzas de ambas naciones en el área técnico-militar”.

Lo político

Los rusos han venido apoyando al régimen en diferentes formas, facilitando préstamos e invirtiendo. Según el economista ruso Piotr Yákovlev, la empresa estatal rusa Rosneft  invertiría US$65.000 millones para duplicar su producción para el año 2019.   El año pasado, Eulogio del Pino,  ministro de Petróleo, anunciaba la firma de cuatro acuerdos de cooperación entre PDVSA y Rosneft por US$20 mil millones.

Pero el préstamo con más contenido geopolítico, el que más preocupa a los EE.UU., es el que se le dio a PDVSA por US$1.500 millones, con garantía del 49,9% de las acciones CITGO.  Un default en el pago pondría en manos rusas la sexta empresa petrolera de EE.UU. Esto no se verá sino a fin de año cuando se venza la deuda. Es bien sabido que los rusos usan el petróleo como arma política.  Por eso los congresistas estadounidenses han pedido al Departamento del Tesoro  que analice  el caso. Pues éste, en últimas deberá aprobar  esa adquisición.

Cuba

Los rusos en este intento de avanzar en los espacios de influencia de los EE.UU. están reviviendo sus relaciones estratégicas con Cuba.  Raúl había fomentado un acercamiento a Obama, como una manera de reincorporarse al concierto internacional sin el estigma de país paria. Para eso habló de reformas económicas y dejó saber de su salida del poder.  Obama lo compró. Y una vez que Obama  mordió el anzuelo, los cubanos exigieron a Europa que los liberara de sanciones, sin haber avanzado nada.

En Cuba veían venir la crisis  económica de Venezuela desde 2012. Por esto en 2014 Raúl Castro logra que Putin lo visite y le condone parte de la deuda. El resto, por US$3.100 millones, Rusia se comprometió a invertirlo en Cuba. Hoy por hoy, con la posición reluctante de Trump de continuar con la política de Obama hacia la isla y la crisis venezolana, Rusia ha tenido que suplir de petróleo a Cuba.

Ménage à trois

El año pasado Rusia firma acuerdos de cooperación militar con Cuba, para modernizar el equipo y asesorar al ejército. También se ha hablado de bases militares en Cuba, como la reapertura del el centro de espionaje radioelectrónico de Lourdes.

Pero lo que más resalta es la conjunción de los ejércitos de Venezuela, bien equipado; el cubano, bien formado, con el imperio ruso como soporte geoestratégico, donde los rusos terminan tomado control por dependencia de la Venezuela chavista. Esto es un motivo de preocupación para los EE.UU. y los vecinos, que empezaron a prepararse para esa eventualidad y harán  maniobras conjuntas de Perú, Colombia, Brasil y EE.UU. en el Amazonas, a fin de este año.

Los panas rusos

Rusia ha jugado cerrado con el régimen. Opinan, por ejemplo, que la oposición “…recibe el apoyo desde el exterior y atiza una escalada …, a fin de lograr a toda costa la destitución del Gobierno “. Y advierten  a EE.UU.”…que ninguna fuerza extranjera se meta en los asuntos internos del país suramericano”. El canciller ruso declaraba al reunirse con su homóloga venezolana, en febrero pasado, su “apoyo firme al curso del Gobierno dirigido a impedir que se desestabilice la situación, …”. Es que si Rusia cuenta con Venezuela como carta de negociación frente a los EE.UU. habrá ganado una batalla clave de su afirmación geopolítica.

La nueva guerra fría

Para la periodista cubana Yoani Sánchez estamos en el renacimiento de  “la Guerra Fría …en tierras latinoamericanas”. Pero con una Rusia imperial  pragmática, en búsqueda de su posicionamiento como potencia, ahora “latiéndole en la cueva” a los norteamericanos.. los castrochavistas “… necesitan a un Moscú que les provea de armamentos y les cuide las espaldas en los organismos internacionales. Lo ven como un fornido oso dispuesto a enseñarle los dientes a Washington todas las veces que haga falta. A cambio, le están dando posicionamiento en el terreno, información de inteligencia y la calculada fidelidad de quien espera mucho a cambio. Ellos sueñan con hacer a Rusia “grande otra vez” y los rusos se quedarán con la carta venezolana para negociar con EE.UU.

A Yoani le preocupa que “mientras la avanzadilla rusa se despliega en varios puntos de América Latina, Donald Trump mira hacia otro lado”, es lo que se ha llamado el aislacionismo internacional -“Jeffersonian”- como política de Trump. Quizás sería mejor calificarla como”Jacksionian”, es decir que prefiere intervenir solo si él o sus aliados son atacados. Por lo que todo dependería si  EE.UU categoriza el ménage à trois, así como la crisis y el efecto de ella en el vecindario por los intentos rusos de conquistar a Venezuela en su lucha por el poder con los EE.UU., como una amenaza para Washington y sus aliados.