19 Diciembre, 2015 \

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“Todo tiene su final, nada dura para siempre, tenemos que recordaaar, que no existe eternidad…”,  es el estribillo de la famosa canción de Héctor Lavoe que una mujer del pueblo repetía hasta el cansancio ante transeúntes indignados que proferían irónicos y virulentos comentarios; y el nerviosismo contenido de militantes del PSUV que esa mañana, del viernes 18 de diciembre, se encontraban en el hall de la sede administrativa de la Asamblea Nacional, Esquina de Pajaritos, en Misión Recoge… cuanto puedas.

Alternando el estribillo de Lavoe con un recitativo que aumentaba el nerviosismo de los chavistas, quienes intercambiaban miradas cómplices con los responsables de la seguridad, pidiéndole a la tierra que se  los tragara cuando la mujer del pueblo, levantándose de los escalones desde donde “montaba guardia” a todo el entre y sale del edificio administrativo, bajo la acusadora mirada de un José María Varegas en relieve de Bogen, recuerda que “El mundo es del hombre justo”.

-¡Se están robando los cuadros, ¡ladrones!, gritó la mujer del pueblo, retándolos.

La gente se iba arremolinando en torno a la indignada, que por nombre lleva el de Jeanet Giménez, quién, retándolos en sus narices, volvía a la carga.

Jeanet Giménez, la "indignada" que retó a quienes desvalijaban el Palacio Federal.

Jeanet Giménez, la “indignada” que retó a quienes desvalijaban el Palacio Federal.

-¡Están sacando los cuadros, se los están llevando! Mañana voy para el partido a contárselo a Henry Ramos. ¡¡¡Ladrones!!

En un intento por acabar con aquel escándalo, un funcionario de seguridad, le arrimó a la mujer del pueblo un billetico. Jeanette lo agarró, como agarraron  tablets y celulares los humillados a quienes pretendieron comprarles el voto con  equipos electrónicos chinos.

-Pero esos cuadros que ustedes se están robando, cuestan millones, remató, metiéndose el billetico por el bolsillo trasero…

Un chavista que apoyaba su única pierna en una pata de palo,  en son de guasa, me dijo:

-Te regalo ese peluche…

Entre tanto, la por ahora diputada oficialista María León, dirigía una improvisada asamblea nada descomunal, cuatro gatos que posaban sus fondillos en sillas plásticas vestidas de rojo, al aire libre, en aquella suerte de “Ágora de Atenas”.

La León en pie de lucha, no pierde tiempo. Iniciaba la campaña para recuperar su diputación, con una trillada monserga anti-imperialista. Más de lo mesmo. Su mesmo “pueblo” se divertía con el espectáculo:

-Anda a ver a la María, se jodió. Metiéndonos veneno para que “sabotiémos” la instalación de la Asamblea. Hay que avisarle a Henry para que no tomen ni agua el 5 de Enero, porque son capaces hasta de envenenarlos.

-Sí, camarada, están diciendo que el 6 todos los 112 estarán muertos. ¡Ave María Purísima!, sentenció la interlocutora de franela roja, persignándose.

En los alrededores de la AN, los ciudadanos denunciaban el robo de los cuadros del Palacio Federal, en el marco de la “mudanza” de los diputados oficialistas del Parlamento.

En los alrededores de la AN, los ciudadanos denunciaban el robo de los cuadros del Palacio Federal, en el marco de la “mudanza” de los diputados oficialistas del Parlamento.

Entonces apareció en escena la camarada Caperucita Roja, Marleny Vanegas, de punta en rojo: Pantalón rojo, con una pierna suelta, otra, por dentro de los botines, como al “descuido” para exhibir los botines rojos de marca. El resto del atuendo, a tono, es decir, rojo de pies a cabeza, hasta la mochila donde sacó las pertenencias de su “escritorio” en Pajaritos.

Dejamos las caras de espanto y la sacadera de “trapos rojos”  entre ellos, para dar una vuelta por el  Palacio Federal, sede del Poder Legislativo de Venezuela, situado frente a la Plaza Bolívar de Caracas, legado del primer gobierno de Guzmán Blanco (1870-1877). De estilo neoclásico, siglo XIX, su cúpula mide 26 m, tiene 2 pisos, y se levanta  sobre una manzana, correspondiendo la dirección de la obra al arquitecto y principal constructor, Luciano Urdaneta, hijo del General Rafael Urdaneta.

Allí todo era paz. “Día libre”, dicen trabajadores carilargos, por decreto de Diosdado. Solo trabajaban, a toda máquina, algunos empleados de confianza, afanados en recoger los corotos y otras “pertenencias”  de los jerarcas del PSUV, allí fortificados durante 17 años. Enormes cajas, forradas con imágenes de dos connotados difuntos del PSUV: los ojos de Hugo Chávez, y la figura de Robert Serra, a tamaño natural eran montadas en camionetas pick up oficialistas, salían cargadas para regresar vacías y volver a la carga.

En varias pickup, funcionarios retiraban los enseres de jerarcas chavistas, en cajas con los rostros de los fallecidos Hugo Chávez y Robert Serra.

En varias pickup, funcionarios retiraban los enseres de jerarcas chavistas, en cajas con los rostros de los fallecidos Hugo Chávez y Robert Serra.

Nos detenemos ante la bellísima  fuente del patio central, escultura realizada en Inglaterra, está rodeada de chaguaramos. La fuente original, así como las verjas que rodean el hemiciclo que siempre fueron negras con puntas de lanza en dorado, la revolución la pintó a dos tonos: plateado y un marrón achocolatado en un fallido intento por imitar el bronce… Desde el área sureste, observamos la cúpula y la escalinata  que conducen al hemiciclo de sesiones. Desde sus cornisas cuelgan 2  pendones del gigante: uno a cuerpo entero, otro, de busto y venia, tricolor de banda presidencial.

Es casi la una y el hambre apremia. Me dispongo a salir, entonces creo que todo esto ha sido más un sueño-pesadilla. He vuelto a pisar estas históricas instalaciones 17 años después. En la puerta, los vigilantes cuchichean entre ellos: Mazuco es el nuevo Jefe de Seguridad de la Asamblea Nacional. Es diputado suplente del Zulia, de UNT. Es un tronco e´tipo. Bueno, eso dicen…

 

 

 

Fotos y texto: Graciela Requena.