16 diciembre, 2016 \

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Madres con bebés pequeños, adultos de la tercera edad y trabajadores del Banco Central de Venezuela (BCV) fueron los grandes protagonistas del caos monetario, generado en el máximo ente financiero, luego de la orden dada por el presidente Nicolás Maduro de cumplir con la segunda etapa de depósitos y canje de los billetes de 100 bolívares, sacados de circulación.

Desde las 5 de la mañana del viernes, una señora con problemas asmáticos se había dispuesto a hacer la cola para el canje de los ahora inservibles billetes de 100. Sin embargo, era la 1 de la tarde y aún no había sido posible llegar hasta la mitad de la fila.

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Otra mujer de unos 30 años, que pedía compasión con los señores de la tercera edad que iban llegando en sillas de ruedas, muletas y hasta marcapasos, fue apartada de la entrada principal por los efectivos de seguridad del Estado, dispuestos en el lugar.

Los trabajadores del ente financiero no controlaban su falta de preparación para este tipo de eventualidades, donde solo reinaba la desorganización y la falta de respuesta, pues quienes contaban con canjear sus billetes este primer día de operativo, se enteraban al llegar al lugar, entre los murmullos de los presentes que “no era día de canje”.

Y de repente, unos gritos lograban desaparecer la rabia de conocer a último minuto, que el trámite anunciado por el gobierno no estaba planteado para ese momento. Se trataba de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) “arreando” la cola, en medio de los “apúrense”, “se están coleando”, “muévanse”.

Los viejitos, los más desvalidos

Cuatro billetes de 100 bolívares era el único efectivo que le quedaba a un señor de unos 75 años, que solo pedía ser ayudado por la condición en la que se encontraba. Sin comer, con un marcapaso y mucha decepción en su corazón, el hombre a punto de llorar se desmoronaba ante la fría respuesta de la funcionaria del Banco Central: “No puedo hacer nada por usted señor, haga la cola”.

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Así como él, otros tantos que habían cobrado la pensión en efectivo esperaban ser atendidos en unas 150 sillas, que simplemente no daban abasto para la cantidad de usuario, que con el paso de las horas se iba acrecentando.

Algunos debieron ser atendidos por una ambulancia de los bomberos del Distrito Capital, que solo se limitaba a darles agua y primeros auxilios en medio de tanta asfixia. “No veo el día en que esto se acabe”, gritaban desesperados dándose mutuo apoyo para soportar la desgracia acumulada.

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Lineamientos improvisados

Aunque, 2 de los tres funcionarios del BCV consultados, no quisieron dar respuestas, en medio de la agresividad que los invadía por el desespero de no saber qué responder, uno de ellos accedió a revelar cuándo habían sido notificados de las funciones que cumplirían en los próximos cinco días de operaciones del ente, anunciados por Maduro.

“Durante una reunión privada el jueves en la tarde, nos informaron sobre este procedimiento, aunque ya conocíamos un poco por lo anunciado una semana antes”, dijo uno de los colaboradores del Banco, mientras discutía a la vez, con usuarios que solicitaban mayor información.

De esta manera, se confirma la improvisación por parte del Ejecutivo, en la medida que alarmó a todos los venezolanos y dejó en alerta a todo el país, carente de efectivo. Ni sus propios funcionarios estaban al tanto del megacaos que atravesarían en esta etapa monetaria, obligada y limitada.

Falta de capacidad policial

Pese a la presencia de la Policía Nacional Bolivariana (PNB), Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin), el ambiente para un pequeño estallido social, en plena avenida Urdaneta, a solo unos pasos del Palacio de Miraflores, estaba dado.

La cantidad de efectivos policiales no era suficiente, para poder controlar cualquier motín o estampida desde el ombligo del centro de Caracas. Sin contar, que varios de los jóvenes policías en el lugar, solo sentían vergüenza y hasta temor, por lo que pudiera presentarse a sabiendas de los errores de un gobierno por el que dan la cara.

Foto Raylí Luján