14 Mayo, 2017 \

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Reincorporándose al escenario venezolano después de una ausencia de quince años, Gustavo Cisneros añade una proposición más a las soluciones propuestas para el Caso Venezuela, que así suman tres, cada una de las cuales analizamos en este comentario.

Adornado con un flamante doctorado h.c. y expresándose a través de la agencia noticiosa del Estado español, Gustavo Cisneros vuelve a la patria venezolana con una proposición que lo mismo puede aclarar la situación que oscurecerla. La solución, dice, está en una intervención de Cuba y Colombia (Castro y Santos), bendecida por Estados Unidos. Esta proposición, que Cisneros debe haber conversado no sólo con Maduro, sino con Castro y Santos, se añade a las gestiones, ya en marcha, de Argentina y Brasil (Macri y Temer), y a los esfuerzos de Almagro en la OEA.

Las tres gestiones son oportunas y no necesariamente contradictorias, sino más bien convergentes. Además, necesarias, porque ni quienes salieron a la calle aceptarán regresar a casa con las manos vacías ni los atracadores acorralados soltarán sus rehenes (que somos todos los venezolanos) sin la garantía de impunidad que púdicamente preferimos llamar salvoconducto.

Lo de Cuba y Colombia tiene sentido porque cuando se habla con Maduro con quien se está hablando es con Raúl Castro, y la seguridad de Colombia será una ficción si el castro-madurismo se consolida en Venezuela. A Cuba sólo hay que ofrecerle que el tributo colonial pagado por sus constabularios (Padrino, Cabello, etc.) se reducirá, porque mantenerlo full simplemente no se puede, pero no se cortará. Estados Unidos estará feliz con eso, porque si Venezuela no mantiene a Cuba tendrá que hacerlo él, pues de otro modo los cubanos hambrientos llegarán a Florida nadando -por los tiburones no hay problema: los cubanos se los comerán en el camino.

La gestión de Argentina y Brasil dentro de Unasur es también viable, porque confina el tema, apartando a las repúblicas artificiales del Caribe que con sus intereses euro-africanos distorsionan todo en la OEA. Los pro-maduristas, Bolivia y Ecuador, más bien cooperarán como santuario que acogerá a los temblorosos atracadores y estará feliz de hacerlo porque será oportunidad de beneficiarse con sus capitales.

Almagro, inolvidable pionero de este esfuerzo, podrá darse el gusto de confirmarlo en la OEA. Eso y más merece.

Pero… Estados Unidos y Europa de lo que están pendientes es del colosal bolsón energético descubierto por Exxon-Mobil en aguas territoriales del Esequibo que Venezuela reclama. Derecho a meter la mano no lo tienen, pero sí fuerza para hacerlo, tanta que en diciembre obligaron a la Oposición a sentarse en el diálogo bellaco -no les convenía que los acontecimientos se desarrollaran fuera de su control. Maduro apuesta a que por ahí conseguirá el salvoconducto, y no lo disimula. Cilia es capaz hasta de confesarle al cardenal Porras sus pecados con tal de que le suelten los sobrinos, y el hijo de Nicolás está en salsa. Vía Citgo, Maduro donó 500.000 dólares de los venezolanos a la campaña de Trump y paga 25.000 dólares mensuales al jefe de campaña del actual presidente de los Estados Unidos nada más por el derecho de que ese lobista privilegiado responda sus llamadas telefónicas -el pago no incluye gestión alguna, que se cargará aparte; sólo confiere el derecho a ser atendido.

Trump y Bergoglio, éste último como representante de Europa en el negocio, se reunirán en junio con Venezuela como segunda prioridad, después de Siria. Pondrán empeño, pues los taladros esperan. Si Castro, Santos, Macri y Temer no se apuran, el día del gran anuncio serán los convidados de piedra. Venezuela, como hace un siglo cuando la despojaron del Esequibo, no estará presente en estas conversaciones donde se decide su destino. Pobre pueblo que vota por el primer charlatán que pasa por la calle.