18 Mayo, 2017 \

Comparte este artículo en tus redes sociales:


thumbnail

C

Por Karisa López y Melany Muñiz

Un médico, un publicista y un administrador cumpliendo funciones de fotógrafos, mientras dos periodistas intentaban aprender sobre primeros auxilios.

La cita era a las 10:00 am en el Centro Comercial San Ignacio de Caracas. Allí se agruparían los voluntarios y ese sería su punto de partida para la jornada de aquel sábado.

Tras varias llamadas, se logró comunicación con nuestro contacto: Luis. Estaban en la planta baja, frente a Miga’s. Junto a él estaban otros jóvenes y algunas personas mayores, además de los comensales del local de comida.

La mayoría de los voluntarios vestían uniformes médicos azules y verdes, eran alrededor de 20. Muchos no debían superar los 25 años de edad y se mostraban tranquilos, a pesar del riesgo que implica para ellos involucrarse en las manifestaciones que sacuden al país desde hace mes y medio.

Créditos: Karisa López

Lacrimógenas dejan efectos secundarios

Se sentó Luis y luego Rossana, una estudiante de medicina de la Universidad Central de Venezuela (UCV). Él explicaba que reciben donaciones nacionales e internacionales y que son alrededor de 180 personas las que integran el grupo de la Cruz Verde, entre los miembros de Primeros Auxilios y médicos de la UCV, voluntarios de la Cruz Roja y personal del Cuerpo de Bomberos, al cual él pertenece.

En una conversación informal entre ellos y un médico del grupo, se conoció una situación irregular que se presenta en algunos casos de traslados de heridos a centros de salud: Los heridos, una vez en el hospital, son buscados por funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) por el presunto delito de “terrorismo”.

Es por esto que muchos de los heridos en protestas prefieren ir a las clínicas, donde los profesionales de la salud impiden que se los lleven. “Va contra la ética médica entregar a un paciente”, expresó Rossana.

Espontáneamente, tras algunas anécdotas de las manifestaciones de 2014 y las recientes, surgió la explicación de los daños colaterales a largo plazo dejados por los gases lacrimógenos: neurológicos, endocrinos, infertilidad, bronquitis, neumonitis química, broncoespasmos y convulsiones.

Para evitar los efectos de estos gases, recomendaron llevar a las jornadas de protestas crema para quemaduras, Maalox, bicarbonato, lentes, tapabocas, solución yodada y fisiológica.

Distancia de la línea de fuego

La Cruz Verde se compone de varios grupos, que se ubican a cierta distancia de la “línea de fuego”.

Los rojos son voluntarios que se encargan de la extracción de heridos en las cercanías del piquete de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB). Ahí son atendidos en la mayor brevedad posible y trasladados inmediatamente hasta el punto naranja.

Una vez en manos del personal de este conjunto, que generalmente se ubica en una zona “segura”, se busca estabilizar a los afectados y evaluar su riesgo clínico, para luego trasladarlos al punto verde.

Este está conformado por los médicos que brindan atención especializada a aquellos heridos que lo requieran.

Créditos: Karisa López

Vítores y agradecimientos

Luego de conformados los grupos de atención, se emprendió la marcha hacia Bello Monte. “Ya verán algo muy fino, la gente nos aplaude”, dijo Luis minutos antes de partir.

Créditos: Karisa López

Se procedió a conformar un círculo, en el que los presentes se tomaban de la mano, para rezar un Padre Nuestro. Luego se escuchó la palabra de algunos miembros de casas de fe que asistieron y los voluntarios se abrazaron, como si pudiese ser la última jornada. “¡U-U-UCV!”, corearon antes de partir.

Ya en la salida del San Ignacio se comenzaron a ver las muestras de apoyo. Algunos automóviles y motos tocaban corneta, muchos pasajeros gritaban palabras de respaldo y otros simplemente gestualizaban con las manos.

Banderas arriba y tomados de los hombros para formar una fila, inició la bajada que desembocaría en la avenida Élice de Chacao.

Los pocos transeúntes que se toparon en el camino, tal como dijo Luis, aplaudían y agradecían la valentía de los jóvenes. Los vehículos que pasaban se detenían a honrarlos, mientras tocaban la corneta como celebración.

Créditos: Karisa López

Los grupos no debían separarse. Para cruzar, alguno detenía el tráfico hasta que el último de la fila pasara. Saltando de una calle a la otra, se encontraron con personas en locales comerciales e incluso desde las ventanas de los edificios que gritaban vítores a su paso.

No solo iban a pie, pues tenían su equipo de motorizados, acompañados con banderas y radios, con los que guiaban la ruta del resto.

La llegada a la Francisco de Miranda, entre el supermercado Luz y la sede del Tribunal Supremo de Justicia, fue más impresionante: Habían manifestantes que se dirigían a la plaza Brion de Chacaíto en ambos sentidos de la avenida, quienes abrían paso a la fila de voluntarios cuyos cascos blancos con cruces verdes les conferían respeto y valentía.

Valientes

Entre aplausos, “¡bravo, muchachos!”, “¡valientes!” y decenas de agradecimientos y bendiciones, los muchachos caminaban incesantemente.

En la vía, un hombre con la ropa remendada y en mal estado, con barba larga y piel oscura por la suciedad de la calle, recibió de las manos de los muchachos un poco de comida. Estupefacto, el sujeto solo los observó mientras caminaban.

La llegada a la plaza Brion fue la conmoción. La aglomeración de personas que ya estaban incorporadas a la movilización no impidió el paso de la Cruz Verde.

El espacio disponible para caminar se estrechó. Ahora los bordeaban las palmadas en los hombros de cientos de personas que les agradecían y bendecían su loable labor. Los aplausos nunca cesaron y llegaban de todas partes, del Banesco, del Subway, del restaurante Misia Jacinta, de las calles cercanas.

Los que se habían subido a muros y los que no lo habían hecho, ancianos, niños, mujeres –muchas mujeres- y jóvenes abrían camino a medida que avanzaba la fila de cascos blancos.

Créditos: Blas Santander

De pronto, estampas de advocaciones de la Virgen María y Jesucristo empezaron a llover. También los crucifijos y los rosarios.

Ya llegando a la parte inferior de la autopista Francisco Fajardo, justo en la entrada de Las Mercedes, las personas que se encontraban en la arteria vial comenzaron a lanzar pétalos de rosas (uno de los requerimientos para que las mujeres fuesen a marchar ese día).

Giraron a la derecha, rumbo a Bello Monte. Aunque la afluencia de personas no era igual a la de El Rosal, los presentes se acercaban a entregar insumos médicos y alimentos en envases para la Cruz Verde.

El despliegue

El grupo verde se desprendió del resto a 100 metros del piquete de la GNB y la PNB. Allí se dispondrían para atender a los heridos.

Créditos: Blas Santander

El naranja continuó unos 30 metros y se detuvo, mientras que el rojo continuó hasta colocarse a escasos metros del contingente –en la entrada del Hotel Gran Meliá Caracas-, donde se encontraban las mujeres, vestidas de blanco, sentadas en el piso. Los tres grupos se ubicaron en las cercanías del río Guaire.

“Tienen dos salidas si esto se prende: Atraviesan la autopista y corren hacia las casas de allá o se lanzan al Guaire; y por nada del mundo se vayan a lanzar al Guaire, que no hay toxoide”, previno Luis.

“Hoy no pasará nada”, nos advirtieron, pues hasta ese momento se sabía que la Viceministra de Interior y Justicia se había acercado para recibir las peticiones de las diputadas de oposición. Además, solicitaron a las manifestantes que se contuvieran hasta ese punto para no tener que disparar lacrimógenas contra la movilización.

Créditos: Blas Santander

Alerta para la acción

Hubo una escena que despertó la inquietud de los presentes y puso en alerta a los jóvenes que conforman al grupo rojo de los Primeros Auxilios UCV: Las “guarimberas” abrían camino entre los manifestantes para llegar hasta el piquete de la GNB –que impedía el paso-. Atrás, velando sus pasos, quedaron sus compañeros “de lucha” de género masculino.

Sin embargo, nada pasó. No hubo oportunidades. La movilización no avanzaría pese a las mediaciones que realizaban algunas representantes de la coalición opositora.

Alrededor de 45 minutos el equipo se mantuvo en aquel lugar, bajo el fuerte sol, custodiando que no hubiese ningún lesionado. Los desmayos por el intenso calor no faltaron y fueron la única atención que los voluntarios debieron ofrecer.

Créditos: Karisa López

Créditos: Karisa López

Algunas personas continuaban acercándose para aplaudir y agradecer el esfuerzo de estos jóvenes. “Daniella, mi esposo te vio en Globovisión. Está enamorado de ti”, le comentaba una señora, de 40 años aproximadamente, a una de las jóvenes directoras del movimiento.

Por su parte, otros equipos de rescate –que nacieron este año, con el único propósito de servir- saludaban y compartían anécdotas con ellos. Uno de ellos, Venerescate, fue creado el pasado 19 de abril, durante la movilización de la oposición ese día.

“Yo vine como paramédico, solo, a prestar servicio. Cuando vi al primer herido me acerqué e inmediatamente los hicieron mis compañeros, que conocí ese día. Creamos un grupo de Whatsapp y conformamos este conjunto de paramédicos”, relató uno de los profesionales.

Créditos: Karisa López

Créditos: Karisa López

Regreso victorioso

Cuando quedaban pocas personas en la zona y el reloj marcaba las 2:30 pm, se comenzó el recorrido de regreso. Todos se congregaron en una gasolinera para recuperar fuerzas, hidratarse y alimentarse.

La voz de Luis interrumpió el silencio en el que la mayoría se encontraba. “Señora, ¿comió algo? Tenga una galleta”, puntualizó al tiempo que extendió la merienda a una mujer que se encontraba en las adyacencias del lugar. Sorprendió aquella escena, reconfortó aquella escena: estas personas ayudan en cualquier contexto.

Llegaron camionetas pertenecientes al movimiento con cargamentos de agua y comida.

Créditos: Blas Santander

Asimismo, recibieron donaciones de personas que se acercaron a agradecer a los jóvenes. Una de las contribuciones fue un lote de arepas y una galleta, en cuyo interior se encontraba un mensaje: “Gracias, Dios los bendiga”, junto a una estrella tricolor.

Para culminar la jornada, se le pidió a Daniella Liendo, una de las directoras de Primeros Auxilios UCV, que nos ofreciera su balance de la jornada.

Amablemente, comentó que fue un gran paso haber terminado el día sin presenciar violencia. “Estamos igual cansados, porque representa una tensión de por sí a salir a la calle, pero creo que estamos satisfechos”, culminó con una sonrisa.

Créditos: Karisa López