1 octubre, 2016 \

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I

La izquierda universal está en medio de un huracán. Y España no se ha salvado. El Partido Socialista Obrero Español (PSOE) nació hace 137 años en Madrid y desde entonces no ha dejado de funcionar. Es el partido político más antiguo de la historia española y, como es lógico, ha atravesado múltiples crisis internas, pero ninguna se asoma al nivel de la que atraviesan los socialistas hoy en día y que ha explotado cual volcán en erupción hace apenas dos días. Pero la diferencia entre las luchas del pasado y la actual es que, por una parte, antes “los trapos sucios se lavaban en casa” y no habían llegado nunca a tener la repercusión pública, notoria, comunicacional y gubernamental que tienen hoy. Y por otra parte, que no hay un problema ideológico de trasfondo, sino una vil y barriobajera lucha de poderes que está llevando a los militantes, a los ciudadanos y a los españoles en general a tener que decidir entre “los de Sánchez” y “los de Díaz” en lugar de pensar en los españoles y el futuro de la nación. Y esto, como hemos comprobado a lo largo de la historia, siempre trae los peores resultados.

El contexto

La historia política contemporánea española está marcada por un fuerte bipartidismo dominante en el que el Partido Popular (PP) y el Partido Socialista (PSOE) se intercalaban el poder. Si uno lo hacía mal, el período siguiente gobernaba el otro y fin de la discusión. La gente no agotaba horas, días, semanas y meses pensando en quién iba a gobernar, sino que todo funcionaba como un acuerdo tácito en el que los líderes políticos tenían todo “medido”. No había líneas rojas, ni necesidad de acuerdos, ni diálogo, ni independentistas envalentonados, ni “nueva política”, ni tanta incertidumbre. Hasta que llegó el 11M (2004) y se capitalizó políticamente un atentado terrorista; nace Ciudadanos en Cataluña (2006), un partido de centro derecha sin fuerza ni representación, pero que comienza a sumar adeptos poco a poco; estalla la crisis (2008) y buscaron culpables; surge el 15M (2011) y el resurgimiento de los “antisistema”; el PP volvió al poder (2011) y le tocó la virtud o el castigo de reconstruir España; nació Podemos (2014) y la izquierda se alteró, reconfiguró, radicalizó; cuatro partidos van a las elecciones generales (2015) y no dos, como estaban acostumbrados los ciudadanos y los políticos; nadie gana, nadie pierde, se tranca el juego y aquí estamos, 10 meses después, en la misma jugada, aunque todo sea diferente.

Los hechos

El expresidente español y uno de los pilares del PSOE, Felipe González, quien siendo Secretario General del partido, en 1976 ya empezaba a marcar sus distancias con los ideales marxistas que comenzaban a instalarse en su partido, fue quien desató la actual crisis. O al menos quien la hizo pública, cuando el pasado jueves 28 de septiembre expresó en una cadena de radio que se sentía “frustrado” y “engañado” por el actual Secretario General y candidato presidencial Pedro Sánchez, quien le había dicho que se abstendría en la segunda votación del debate de investidura, cosa que, como sabemos, no ocurrió y por ende, sigue sin haber Gobierno en España.

La respuesta de Sánchez a estas palabras de González se dio apenas unas horas después, asegurando que el expresidente estaba “en el bando de la abstención”, mientras él estaba en el del “no a un nuevo gobierno de Mariano Rajoy”, además de lanzarle la pregunta al aire a la presidenta de Andalucía, Susana Díaz, su principal detractora interna: “Me gustaría saber en qué bando está Susana Díaz” y finalizó instando a los integrantes de la Ejecutiva del PSOE a dimitir si no estaban de acuerdo con su proyecto. Y unas horas después, 17 socialistas dimitían en las puertas de la sede del partido. Y así, entre dimes y diretes, entre “nosotros” y “ellos”, entre abstenciones, dimisiones y noes, se hizo pública la división interna del PSOE.

¿Y qué pasa ahora? El PSOE, como todos los partidos políticos en España, tiene una Comisión Federal de Ética y Garantías, que es la encargada de que las actuaciones de los órganos de dirección del partido respeten y cumplan con los estatutos. Pero afectada por la división del partido, no se ha convocado. Los críticos que pretenden derrocar a Pedro Sánchez como secretario general han pedido que se reúna la comisión para que emita un informe sobre la situación creada por la dimisión de 17 miembros de la dirección, aclare si esta queda formalmente disuelta y acuerde crear una gestora que tome las riendas del partido. No obstante, la Ejecutiva que permanece del lado de Sánchez alega que la disputa por el control del partido debe abordarse en el Comité Federal que se llevará a cabo hoy sábado 1 de octubre y, posteriormente, en un congreso extraordinario.

Las consecuencias

Es importante destacar que uno de los principales problemas que enfrenta el PSOE hoy, se debe a que sus actuales dirigentes parecen querer quebrar el partido, no fracturarlo, sino quebrarlo, directamente. Todas las batallas que ha librado el PSOE otrora, han estado sustentadas en argumentos ideológicos detrás de las luchas de poder (que siempre han existido y siempre existirán), pero jamás se vislumbraron ansias de destruir el poderoso instrumento político de un partido socialdemócrata que ha aglutinado -históricamente- a la mitad de la población española.

La crisis de representación, la desafección política y la falta de legitimidad generan una desconfianza abrumadora por parte de los ciudadanos socialistas, lo sean por tradición o por convicción. Y la consecuencia de esto será un descontento feroz que traducido en votos -que es lo que al final parece importar a los políticos más que nada- traerá resultados nefastos en el Congreso de los Diputados y fortalecerá, sin duda, al Partido Popular (que es lo que, en teoría, menos quieren los socialistas). Pero cuidado, que también podrá fortalecer (electoralmente) a Podemos, pues la falta de confianza en sus líderes, llevará a muchos votantes de izquierda a refugiarse en la única opción “socialista” que ronda el panorama político español: Pablo Iglesias y su “Socialismo del Siglo XXI” heredado y transformado.

Foto cortesía: EFE