9 Abril, 2017 \

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Para entender lo que está pasando en Venezuela hay que girar la vista hacia intereses geopolíticos que escapan al control de Nicolás Maduro y quienes quieren mantenerlo en el poder a toda costa para salvar su pellejo. El madurismo no es más que una franquicia de un movimiento en donde confluyen intereses tan variados como los de Rusia, China e Irán. Cuba, en ese tablero, no es más que el corredor regional.

El chavismo se insertó en ese movimiento gracias a la fascinación que generó Fidel Castro en Hugo Chávez, aunque el ex presidente venezolano falleció oportunamente para el castro-comunismo, quien ya veía con preocupación como la figura del líder revolucionario cubano iba quedando opacada por la del venezolano. El ascenso regional del populismo de izquierdas vino en el mejor momento para los precios de las materias primas, que benefició, sobre todo, a Moscú y a sus filiales en Latinoamérica: Cubazuela y Brasil. Montados en esa ola llegaron también Ecuador, Bolivia, Argentina, Nicaragua, entre otros, aunque con menor influencia política.

No sólo el aumento del precio de las materias primas, con la estrella “petróleo” a la cabeza, sino el cambio de estrategia geopolítica de Estados Unidos, garantizó que el barco populista navegara con idóneo viento a favor. Con la llegada de George W. Bush  -representante de la petrolera Halliburton- a la presidencia estadounidense, el gigante del norte volteó su mirada hacia el Medio Oriente, enrumbándose en complicadas aventuras en Irak y Afganistán de las cuales su sucesor Barack Obama no pudo nunca librarse del todo.

Si a Bush le tocó lidiar con afganos e iraquíes, la papa caliente de Obama fueron los iraníes, quienes lo mantuvieron ocupado con la amenaza de construir bombas nucleares y con el financiamiento al terorrismo. Concentrado en mantener la paz en lugares tan remotos, el moreno no dio tanta importancia a detalles claves como que los materiales para construir esas bombas nucleares estaban saliendo de Venezuela, donde además los persas insertaron a Hezbollah.

La toma del “patio trasero”

Mientras el águila estadounidense sobrevolaba tierras lejanas, los rusos aprovecharon su histórica ascendencia en el régimen cubano para controlar a la región, financiando a los gobiernos locales y armándolos con equipos que, aunque obsoletos en su mayoría, servían de operación lavandería. Finalmente, el sueño ruso de más de cuarenta años de Guerra Fría se hacía realidad: penetrar el “patio trasero” gringo.

China, cuyo crecimiento vino dado por mérito propio pero también por circunstancias como la fiebre árabe de los estadounidenses, aprovechó también su enorme cantidad de efectivo para hincar el diente en Latinoamérica, conscientes además de que no podían dejarle el camino libre a los rusos. La petrochequera venezolana cumplía para comprar voluntades regionales, pero el despilfarro fue tal que debieron acudir a préstamos internacionales, otorgados por un Beijing acostumbrado a no dar mayores explicaciones a la comunidad internacional de sus operaciones financieras.

La alarma Tidd

El Comando Sur es la flota militar de EE.UU. que se encarga de sudamérica. Opera con cierta independencia de Washington DC y durante la era Obama estuvo enfrentada a la Casa Blanca, generando situaciones tensas en más de una oportunidad. De hecho, su jefe, el general John Kelly, es ahora el secretario de Seguridad Nacional de Donald Trump, en las antípodas del anterior presidente. Fue ese funcionario el que llegó a asegurar que dedicaba, al menos, 40 segundos diarios a Venezuela, ya que rezaba porque se solventara la crisis en ese país. También, en petit comité, aseguraba que en pocas horas podía resolver la situación. Ustedes imagínense cómo.

Ahora llegó al Comando Sur el almirante Kurt Tidd, un militar de línea dura que estuvo muy presente en las recientes negociaciones con el régimen cubano. Mientras los venezolanos, incluyendo sus dirigentes, parecen no tener cabeza sino para las escaramuzas locales, el almirante se presentó en el Senado estadounidense para dejar claro que Estados Unidos jamás estará seguro si no contrarrestan la influencia regional de Rusia, Irán y China.

A Tidd lo que más le importa es la seguridad regional, lo cual se traduce en derrotar como sea al terrorismo (Hezbollah y Daesh), no tanto al narcotráfico. La palabra clave en este caso es estabilidad, vocablo repetido constantemente por las autoridad militares estadounidenses y ausente en Venezuela. El almirante explicó ante el Senado que narcos y terroristas son antagónicos por naturaleza pero que los terroristas utilizan las rutas de los narcos para infiltrarse. Por lo tanto, a lo que más buscan golpear las más recientes sanciones a figuras del régimen madurista es a la conexión con el terrorismo islámico que mantiene Miraflores.

Putin ha intentado distraer a Trump con los negocios petroleros que puede conseguir Exxon Mobil en Venezuela gracias a Rosneft, pero el bombardeo a Siria, bastión ruso e iraní, da a entender que los militares se han impuesto a los petroleros en Washington. Los hombres de armas están claros que todo lo que huela a Rusia y a Irán atenta contra la seguridad nacional. Maduro y su combo “apestan” a un potente perfume ruso-iraní.

Tras las declaraciones de Tidd, la Cancillería de Venezuela dijo estar “preocupada”. Tienen razón.