13 diciembre, 2015 \

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El chavismo, por muchos años ha asegurado dogmas de “fe”, cosas insólitas que han declarado pero que deben tomarse como ciertas porque de ellos emanan las reglas del discurso político. Cosas como “el cielo es verde” (valga lo disparatado del ejemplo) tenían cabida en un país cuyas normas planteadas en su momento por el difunto Chávez, definían el “ellos”, “nosotros”, algo que no es nuevo ni raro ni malo hasta que trasciende el plano de la palabra y trae consecuencias en la acción política.

Gracias al lenguaje y a la dialéctica del chavismo-madurismo, la dinámica política se ha trasladado a un juego de “suma cero” existencial cuyo planteamiento base es:

”Si ellos existen nosotros no podemos existir”.

Siguiendo esa lógica les digo: no se puede jugar fútbol con bate y pelota, así como no se juega al béisbol con un balón y dos arquerías, por lo que el chavismo, que es fundamentalista en su concepción, no sabe convivir ni coexistir con otra fuerza política, para ellos solo existe la cohabitación.

La cohabitación implica jugar en la cancha que ellos plantean, con las reglas que ellos plantean, y en las condiciones que ellos plantean; por eso los esfuerzos del difunto y sus herederos siempre han sido totalitarios e impositivos, hasta convertirse en “democracia popular” al estilo soviético pero aclimatada al caribe.

La cancha en la que jugamos actualmente tiene el árbitro y la pelota en poder del chavismo-madurismo, por ello la narrativa del régimen va encaminada en forzar a la oposición a entrar en esta cancha, apuntando todos los esfuerzos comunicacionales y propagandísticos en que nos expresemos tal como lo hacen ellos. Han sido bastante astutos para poner en boca de la dirigencia opositora -permeada por la invasiva dialéctica del oficialismo- palabras como: “guarimba”, “derecha”, “escuálido”, “golpismo”, “cuarta república”, etc.

El chavismo dibujó una épica militarista y anticivilista, guerrillera y antidemocrática, totalizante e invasiva, que caló hondo hasta en los discursos de sus más acérrimos opositores. Son tres lustros de bombardeo 24/7 de esta propaganda:

Pero no podemos seguir jugando en esa cancha.

El 6D se rompió con el  discurso del gobierno. No solo se ganó la Asamblea Nacional, se duplicaron los curules, se capitalizó una diferencia de más de dos millones de votos de ventaja, sino también se demostró que no es producto de la mal llamada astención chavista cuando participaron más del 75% de los votantes. Los resultados del 6D nos demuestran que no hay feudos chavistas ni mucho menos invencibles. La Guaira, El Valle y hasta el 23 de Enero son muestra de ello.

Es momento de salir de la cancha chavista, del lenguaje burdo que plantea una sociedad dividida. La gente no tiene ni entiende o comparte, las divisiones de la dirigencia, a todos nos falta el café, no conseguimos carne, el hampa roba a todos sin distinción… la comunidad, en el buen sentido de la palabra, se está imponiendo y por eso no solo ganó la MUD, ganó el hartazgo.

Ganó el “basta ya” y toca explicar de qué va el cambio que queremos, si es el cambio de sistema o el cambio gatopardiano al que suelen plegarse quienes se benefician del status quo.

El 2013 fue la ruptura emocional del chavismo, pero muerto el perro no se acabó la rabia, vino el 2014 con la ruptura de la identidad, la crisis (que se aceleró por el accionar político) hizo que muchísima dejara de verse a sí misma como chavista, y la semana pasada ocurrió la ruptura electoral, no hay un planteamiento de izquierda vs derecha, de pobres vs ricos, es todos vs el gobierno, en ese escenario no hay reencuentro posible, la gente no quiere reencuentros porque no se ha ido a ningún lado; están en otra cancha esperando por nosotros, es momento de dejar el bate y la pelota del Caracas-Magallanes y traer el balón vinotinto, porque si, cambiamos de cancha.