26 noviembre, 2016 \

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     Fidel Castro tuvo una importancia determinante en la vida de los venezolanos. A él debemos mucha de nuestra actual desgracia. No sólo por el efecto diabólico que pervirtió el ánimo de Hugo Chávez, carenciado afectivo a quien usó para conquistar a Venezuela, sino porque en la persecución del espejismo de la Involución Cubana se perdió una generación preciosa, la mía,  la del 58.

APARTE

    Pero Fidel murió hace tiempo, cuando su cerebro entró en una prematura penumbra. Hace quizás diez años. Desde entonces manda Raúl, quien hace caso a los jóvenes que no fusilaron sino que estudiaron y saben que a la tierra arrasada que hoy es Cuba no le queda sino entregar su soberanía a cambio de comida -el mismo destino que tocará a Venezuela si Maduro está un año más en el poder.

APARTE

     La situación de Raúl es hoy más difícil que hace un mes, porque el nuevo conductor del Imperio no tiene las inhibiciones del que se despide. Todo está listo para darle una patada a la lata y con ella a lo que contiene, que es Maduro. Trump sabe que nadie se pondrá luto por eso. ¿Resistirá el catire la tentación de hacer algo que satisfaría a sus electores y abriría una buena posibilidad de negocios? En unos meses lo sabremos.