24 Marzo, 2017 \

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La interpretación que le dan a la Carta Democrática algunos sectores de la oposición es favorable a una intervención extranjera por la vía de la OEA.

Es bastante probable que la oposición reúna el respaldo suficiente para acceder a la conducción del Poder Ejecutivo en 2018, como consecuencia del malestar generado por el deterioro de las condiciones de vida, lo que ha erosionado fuertemente la base electoral del Gobierno. Sin embargo, la posición asumida por una importante porción de la dirigencia opositora en relación a las posibilidades de una intervención de la OEA en Venezuela puede convertirse en un serio obstáculo para que tenga lugar esa alternancia.

El principio de soberanía nacional fue un elemento característico de toda la élite intelectual y política que emergió en 1928 del siglo pasado. Y aunque había matices que derivaban del de la Guerra Fría, en lo esencial prevalecía una visión basada en los valores que recoge la carta de Naciones Unidas, que consagra la autodeterminación y la no injerencia extranjera en los asuntos internos.

El caso actual es que esta visión ya no es compartida por una porción muy importante de los cuadros dirigentes de la oposición, de acuerdo con las opiniones emitidas en relación a una posible intervención de la Organización de Estados Americanos en Venezuela, que es, obviamente, una intervención de Estados extranjeros sobre el desenvolvimiento interno de la política venezolana, por medio de la utilización de esta institución.

La OEA es, formalmente, un organismo de encuentro entre naciones, un foro de cooperación; no es un gobierno supranacional en el cual se haya delegado la soberanía, ni siquiera de manera parcial. Tal como lo establece su carta fundacional de 1948 de la OEA: “La Organización de los Estados Americanos no tiene más facultades que aquellas que expresamente le confiere la presente Carta, ninguna de cuyas disposiciones la autoriza a intervenir en asuntos de la jurisdicción interna de los Estados miembros”.

Por su parte, el texto de la Carta Democrática Interamericana aprobada en 2001 se inscribe dentro de este marco, por lo que contempla la colaboración con los Estados miembros para fortalecer y preservar el funcionamiento democrático, cuando sea solicitado por el respectivo gobierno. Si se realiza sin ese consentimiento, se violenta la carta fundacional y el principio de soberanía consagrado por la ONU. Sólo una interpretación en estos términos de la Carta Democrática es compatible con la Constitución venezolana y con el principio de soberanía nacional.

La interpretación que le dan a la Carta Democrática algunos sectores de la oposición es favorable a una intervención extranjera por la vía de la OEA, como ha sido expresado por sus más importantes voceros. Incluso hay quienes han llegado a invocar “el derecho de injerencia”, al que sólo se pudiera recurrir con la aprobación del Consejo de Seguridad de la ONU.

Ahora bien, si sólo se tratara de opiniones emitidas en un foro de reflexión o en un debate académico, el asunto no sería tan grave. Pero se trata de una dirigencia política que aspira a gobernar. ¿Pueden gobernar el país quienes son favorables a una intervención en los asuntos de jurisdicción interna de Venezuela? Y, como se sabe por la historia, cuando se trata de soberanía, no se está frente a un asunto de mayorías o minorías.