12 Octubre, 2015 \

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Una gran mayoría de los venezolanos asume que todos los problemas del país son por el manejo equivocado que hace Nicolás Maduro del gobierno. Si bien la intuición es, en principio, correcta, ésta queda incompleta. Decir que Nicolás Maduro es un pésimo presidente puede que sea cierto, pero ¿es esta la palabra adecuada para referirnos a su rol en la sociedad?, ¿no sería más apropiado y certero llamarlo dictador?

Sería únicamente bajo la denominación de dictador que se pueden empezar a entender y evaluar las acciones de Maduro con coherencia. Esto es cierto si se entiende que un presidente lidera un gobierno para buscar el bienestar de la sociedad y su felicidad, mientras que el dictador lidera una banda criminal que busca la dominación y el control de la sociedad en la que ha instaurado el terror. De escoger el lenguaje adecuado y llamar a Nicolás por lo que verdaderamente es, podríamos entender mejor el propósito del chavismo.

Los errores al momento de utilizar el lenguaje para identificar los fenómenos políticos en Venezuela han hecho tanto o más daño que la violencia desatada en las calles del país. ¿Cómo es posible que todavía existan personas que evalúan la gestión de Maduro como si fuera un presidente democrático? Esto lleva a situaciones absurdas en las cuales acciones como el Dakazo sean entendidas como acciones tomadas por un gobierno poseedor de algún propósito social. La coherencia y la verdad obligan a desenmascarar estos actos como hechos vandálicos motivados por la orden expresa del dictador que preside la dictadura. Son acciones dictatoriales para asegurarse la permanencia en el poder. No siguen teorías económicas de precios justos, esas son puras palabrerías. La finalidad del dictador siempre será la aplicación de un programa totalitario.

Para hablar de casos más recientes, el cierre de la frontera sufre del mismo problema narrativo. Sería un grave error evaluar esta acción del chavismo como un acto de gobierno con vistas a erradicar el narcotráfico y los bachaqueros paramilitares. A Nicolás no le interesa el bienestar de los venezolanos ni la erradicación de la criminalidad. El cierre de la frontera obedece al plan de la dictadura de controlar totalmente a la sociedad venezolana, mediante la militarización de las fronteras del país. ¿Quién se atreve a evaluar esta supuesta política del gobierno como una medida para solucionar el problema del desabastecimiento y la inseguridad? Quizás la misma persona que cree en la supuesta guerra económica. La realidad depende de cómo se nombre y clasifique.

El mejor ejemplo nos lo brinda Jacqueline Faría, la dirigente oficialista que sorprendentemente ha llegado al absurdo de decir que ella le parece que estar en una cola para comprar alimentos es sabroso. No hacen falta palabras para hacer entender entonces cómo el gobierno crea sus propias realidades por medio de los abusos del lenguaje y la verdad. No sería muy atrevido concluir, a raíz de esas declaraciones de Faría, que al chavismo la miseria le parece sabrosa. Ríase, pero de la misma manera es que ellos pretenden convencernos que el chavismo es un gobierno democrático.

 

Pero quizás lo más preocupante sea el error narrativo que se esconde en el discurso que culpa de todo los males del país a Nicolás Maduro. Allí se esconde quizás la desgracia más fundamental en la que se ha ahogado Venezuela. Nicolás Maduro no tiene la culpa de todo lo que ocurre en el país. A ese hombre el talento no le da para tanto. La causa principal de todos los males del país es la aplicación sistemática de la teoría marxista-leninista por parte de los chavistas desde que se hicieron con el poder en 1999. Incluso podía afirmarse que esta catástrofe, este pensamiento en favor del socialismo, se extiende mucho más allá del chavismo y se encuentra presente en el imaginario colectivo venezolano desde que Fidel Castro le puso el ojo a nuestro petróleo.

Por ello, Venezuela, aun cuando logre superar al chavismo, estará condenada a repetir su historia reciente si no logra superar los mitos que se han construido alrededor del socialismo como panacea y no se logre una coherencia narrativa en la cual la dictadura se llame dictadura y el dictador se llame dictador.

 

@andresvolpe