16 Abril, 2017 \

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Desde el 1 de abril, la Mesa de la Unidad Democrática (MUD) retomó las calles para, en principio, rechazar las sentencias 155 y 156 del Tribunal Supremo de Justicia que le restaba, aún más, competencias al Parlamento y se las otorgaba al Presidente de la República y a la Sala Constitucional del Máximo Tribunal.

Esto lo ha calificado la alianza opositora de “golpe de Estado”, tesis avalada por la Fiscal de la República quien señalo que las sentencias constituían una “ruptura del orden constitucional”.

Aún y cuando los textos legales fueron modificados, la oposición no se conforma y exige la destitución de los siete Magistrados y retoma sus banderas electorales, liberación de los denominados presos políticos y el canal humanitario.

Las protestas han dejado cinco personas fallecidas, cientos de heridos y de detenidos con variantes a los hechos de 2014: la dirigencia política ha estado al frente de estas movilizaciones y el gobierno, ha decidido cambiar el discurso y catalogarlas como “terroristas”. Una calificación a la que el diputado Miguel Pizarro le resta importancia. “El gobierno pretende apagar un incendio con gasolina”, dice para explicar que ni las protestas se amilanarán ni la dirigencia lo hará.

Tras seis jornadas de protestas, muchos sienten que las movilizaciones no tienen un objetivo claro, ¿cree que lo tienen?

MP: Creo que hace fata más pedagogía y más explicación. Estos objetivos son: el respeto a la Asamblea Nacional y sus competencias, eso no es solo revertir dos párrafos de una sentencia sino devolver sus competencias en todo lo largo y ancho de su expresión constitucional; abrir el canal humanitario; cronograma electoral para que podamos decidir con nuestro voto el futuro que queremos. Recuerda que hay elecciones diferidas, elecciones en deuda y unas que están en una duda latente porque en nuestro país, el voto como instrumento, lo han intentado pulverizar a raíz del secuestro del revocatorio. El cuarto punto es la liberación de los presos políticos. Nada de esto es una agenda nueva. Lo que creo es que esta agenda, siendo sustento de estas movilizaciones requiere un nivel de pedagogía y de profundización que, sin duda alguna, éste es el momento para hacerlo porque, a medida que avanza el movimiento social tiene que avanzar la responsabilidad de explicar los objetivos.

Sin embargo, pareciera que el punto de las elecciones genera contradicción y que la gente no lo tiene claro ya que, cuando el presidente Nicolás Maduro dijo estar “ansioso” porque se realizaran las regionales, muchos criticaron que, si se fiaba la fecha, la oposición dejaría la calle. Parece que esto no es  suficiente para muchas personas.

MP: Yo soy de una generación que creció en el rescate del voto como instrumento. Cuando en el 2007 confrontamos la reforma constitucional veníamos de un país que creía que el abstencionismo era el único camino y que participar o no en una elección significa legitimar al gobierno y no la evaluación de la forma en la que tu podías avanzar y conquistar más fuerza. En ese momento, dijimos que el problema no era la maquinita sino la maquinaria y que  había que participar en todos los espacios siempre.

Lo que hicimos fue no participar de una forma tradicional. No era una campaña  como las que se estaba acostumbrado. Era una campaña de lucha y de movilización. Creo que aquí, el primer punto es entender dónde estamos. Cuando decimos que en este país se ha instaurado un modelo dictatorial de gobierno, una hegemonía del poder, el primer paso para romperla es recuperar un instrumento que hoy no existe en ninguna faceta, que es el voto. Y el voto, como instrumento de lucha para toda la Unidad, más allá de las visiones particulares que podamos tener, es la forma de cerrar este ciclo. Viéndolo así, el evento electoral que pongan debemos transitarlo sin que eso signifique normalizar la vida política los políticos. Es decir, no es un tema de quién ofrece más escuelas o cómo planteas un plan regional o municipal. Aquí todo debe tener un solo objetivo que es cambiar el régimen de quiénes hoy gobiernan y sacar del poder a quienes hoy lo están por la vía electoral.

 Aquí no basta con tener fecha. Aquí hay que tener fecha y luego luchar para que se cumpla, y después tienes que luchar y presionar para que el resultado producto de esa fecha sea reconocido y después tienes que luchar y seguir peleando para la conquista del objetivo definitivo que es cambiar el poder.

El término resistencia no es solo trancar una calle o salir como si fuese la última vez, sino cómo tu luchas esta carrera de maratón con obstáculos con una visión que no te quite el objetivo de en frente.

La movilización que partió de la avenida Rómulo Galleos y llegó a Parque Cristal concluyó para dirigentes, entre ellos usted, pero no para los manifestantes que decidieron irse a la autopista, ¿se les está escapando de las manos las protestas? ¿lo han evaluado?

MP: Hay síntomas que todos debemos entender. Yo no creo que estemos en un punto donde las cosas se nos van de las manos. Creo que estamos en el punto donde hay que hacerse cargo de un nivel de organización mucho más profundo y no solamente de cara a los políticos. Yo lo asumo con la madurez de quien esta en el rol de dirigencia. Hace falta organizar más y mejor la movilización que se esta llevando porque también es un componente que, así como este terreno es nuevo, hay un ímpetu en la movilización que es nuevo y que requiere de la dirigencia un rol distinto.

Por eso, ves a diputados haciendo cosas que en ninguna parte del mundo hacen como tragar bombas lacrimógenas o realizar actividades que impliquen un nivel de riesgo personal que tengan mucho simbolismo de cara a la confrontación con el Poder. Esa es la única forma de tener legitimidad para encausar el descontento. Nuestra movilización tiene dos componentes claves: la esperanza de ese país que se quiere, que viene y el otro, el que se moviliza desde la molestia, desde el hastío. Hay que conjugar esas dos emociones y eso requiere que en la dirigencia hagamos más en términos organizativos pero también del ciudadano que debe ver este proceso sin repetir errores anteriores.

El gran reto es que, así como la política no puede repetir viejos errores, los ciudadanos no pueden comprar fórmulas mágicas, atajos o mecanismos de lucha que han fracasado en el pasado. Este es un escenario inédito que requiere que, en conjunto, hagamos cosas nuevas para poder ganar.

¿Y está preparada la oposición para ese escenario inédito? ¿En qué se diferencia este escenario de otros inéditos a lo largo de estos 17 años?

MP: Creo que este es un momento trascendental que no depende solamente de la política y de los políticos. Es un momento donde, todos como país, tenemos dos opciones: o regalamos el país al grupito de privilegiados o lo peleamos desde todos los espacios haciendo con nuestro ejemplo, el modelo de país que queremos.

¿Garantías? En la política y en la vida son las que podamos construir desde la exigencia y la participación. La opositón ahorita tiene el oído pegado al suelo. Hay un entendimiento de la realidad que permite darle conducción a esto para que pueda cambiar. Ojo, eso no quiere decir que en el camino no vaya a ver cosas impopulares. Aquí toca una discusión sobre el tema electoral. Estoy seguro que habrá gente que creerá que el mecanismo es la no participación, que si no es el todo o nada. es un error. Esa es una discusión que vendrá y hay que abordarla con madurez y sentido de trascendencia porque éste es el momento en el que nos jugamos cómo termina la historia. Y debe terminar bien y lo ates posible.

Retomando las protestas, han ocurrido hechos violentos evidentes: Santa Fe, lo de la Dirección Ejecutiva de la Magistratura, Los Teques, Barquisimeto, etc, ¿la oposición no siente que tiene algún grado de responsabilidad por no poder controlar a sus seguidores?

MP: Yo creo que hay que separar varias cosas. Aquí, cuando tu le permites a una movilización llegar a una institución es imposible que haya piedras, capuchas o lacrimógenas. Cuando un movilización que es pacífica intenta llegar a un sitio y antes de mediar palabras, les disparas perdigones y lacrimógenas, ¿cómo haces para encausar el descontento? Ahora, eso es una forma de expresión. Lo otro, lo vandálico, lo foquista, lo que se disfraza de política pero no es política, lo hemos denunciado porque ese camino al único que le sirve es al gobierno.

Ese es un camino que hace que la protesta sea de unos pocos y el reto es que sea de más. Nosotros tenemos que ser un movimiento de masas. Hay que tener una línea matriz que diga: si la protesta suma gente y hace que llegue el mensaje, esa protesta es buena. Si la protesta reduce personas, genera miedo  y hace que sean unos pocos los que puedan llevarla a cabo, entonces es una protesta que no debe ser aprovechada. Y también hay que denunciar que lo que ocurrió en Los Teques, en Santa Fe no aparecen los órganos de seguridad o aparecen con una actitud muy laxa. Al final, hay cosas que el gobierno induce y siembra para que se desvíen los objetivos de lucha. Eso ,sin menoscabar lo que implica la defensa de la gente en la represión de las movilizaciones que son otra cosa.

Desde la oposición se ha hablado de infiltrados, ¿no cree que esa carta sea peligrosa y se desate una histeria colectiva en donde todos son objeto de sospecha?

MP: Yo estoy de acuerdo. Yo no creo en la sociedad del caos. Creo que es un error. Es muy diferente lo que ocurre en una movilización como las de la autopista a las que ocurren luego, en otros eventos aislados, focalizados que terminan teniendo una estructura diferente. Y por eso, hay que separarlo porque no hay que satanizar a todos los chamos. Eso tiene una solución y no es castigarlos o señalarlos como infiltrados. Es que los órganos del Estado permitan que las movilizaciones lleguen hasta donde deben ir y que las instituciones sean accesibles. Terminar con esa visión de gheto.

Con la detención de los hermanos Sánchez, algo que había sido asomado por el director del Sebin, Gustavo González López, ¿cree que sea el inicio de una ola de detenciones contra dirigentes del partido?

MP: Estamos preparados. No es el primer aviso de que venían ollas contra el partido. Esto es algo recurrente. Entre Voluntad Popular y nosotros nos hemos ido turnando las obsesiones del ministro Reverol y de González López. Estamos preparados porque cuando tu hablas de que te enfrentas a un modelo dictatorial, también debes prepararte física, mental y espiritualmente para lo que eso implica. No es cosa de fotitos o tweets, este país esta en un tablero diferente y todos debemos mentalizarnos a que ese tablero existe. Hoy son los hermanos Sánchez pero puede ser cualquiera de nosotros.

El 19 de abril lo han calificado como “la madre de todas las marchas”. Sin embargo, el oficialismo ya convocó para ese día y a diferencia de otras oportunidades, llaman a salir de diversos puntos de la ciudad, ¿la oposición ha revaluado la convocatoria? ¿piensan seguir adelante? ¿qué se espera con esta jornada?

MP: Creo que será una movilización histórica para el país. Que tiene un destino final que es la Defensoría del Pueblo y un objetivo claro que es seguir exigiendo ante el Consejo Moral que se respeten lo derechos humanos y que se revierta el proceso de golpe de Estado. Mantenemos tanto la fecha como el destino. Esperamos que los órganos de seguridad entiendan de una vez por todas que Caracas es suficientemente grande como para que dos fuerzas políticas puedan movilizarse.

Hemos demostrado que somos una fuerza pacífica y mayoritaria que merece respeto y reconocimiento.

Usted dice que tiene una ruta clara que es llegar a la Defensoría pero, de las seis manifestaciones, cinco han intentado llegar sin éxito hasta allá, ¿qué sería diferente en esta oportunidad?

MP: Mira, no se qué podría ser diferente. No veo el futuro pero creo que, la gota rompe la piedra por su constancia y no por su fuerza. De eso se trata resistir. Lo importante para mi de la movilización es la expresión de la gente en la calle. Lo importante del 19 de abril es que, uno, se respete nuestro derecho de llegar a las instituciones y dos, se respete el poderío  de esa enorme movilización.

El gobierno los responsabiliza a ustedes por las muertes y violencia, ustedes al gobierno pero la realidad es que hay cinco muertos, cientos de heridos y detenidos, ¿quién responde por ellos?

MP: Hay una responsabilidad tácita. Quien permite que operen grupos parapoliciales es el gobierno. Quienes accionan armas de fuego contra manifestantes pacíficos, es el gobierno y quienes han usado el aparato represivo de forma excesiva desde el 2014 para acá que ha cobrado víctimas fatales y heridos, es el gobierno. El monopolio de la violencia lo tiene el Estado. Caer en la discusión de que, si convocar a movilizaciones y que éstas sean reprimidas si se movilizan es como la discusión de si la muchacha aupa piropos  groseros porque usa una falda cuando tiene derecho a utilízala. No podemos dejar que nuestros derechos nos los conviertan en delitos. El derecho a movilizarse, a exigir, no puede estar sujeto a si el otro me cae a plomo o me violenta y yo soy corresponsable de eso. Aquí nadie es víctima. Aquí somos protagonistas de un momento histórico y nos toca vivirlo sin miedo, con cuidado, eso sí. Sin seguir con mártires pero saber a lo que nos enfrentamos porque esa es su expresión política: la violencia. El que no tiene la razón recurre a eso y es lo que les ha venido pasando (gobierno).

¿La oposición ha recobrado la confianza perdida tras el costo político que implicó sentarse en el diálogo?

MP: Este oficio es un oficio hermoso porque te regañan cuando haces y cuando no haces también. Creo que no tiene que ver con reconciliaciones. A veces vemos la política como una relación amorosa. Creo que como todo movimiento social tiene sus flujos y reflujos y en este momento, creo que hay plena consonancia entre el sentir de la gente y la dirigencia política. El reto es que esa conexión no se pierda, por un lado, por expectativas que no se puedan cumplir y por el otro, por la inmadurez de creer que hay caminos rápidos.

Es un momento importante que hay que aprovechar. Que la política logre reconectar con un sentimiento que exigía de ella no solo discurso y diagnostico sino acción, organización y presencia.  Que se viera que estamos dispuestos a arriesgar el pellejo y no que es algo solo de ruedas de prensa o reuniones.

¿El 19 de abril es el comienzo o el fin de algo?

MP: Creo que es una nueva etapa.  Yo soy un escéptico de todo aquello que implique batallas finales. En la vida real, los procesos sociales son procesos y el 19 de abril creo que va a ser un hito del que nos acordaremos durante muchísimos años. Lo veremos como un movimiento que logro transformarse y tomar dimensiones masivas. Y como nueva etapa, debe tener claros los objetivos: respeto a la Asamblea, que haya elecciones, canal humanitario y liberación de los presos políticos.

Lo concateno con las expectativas, al calificar la marcha como “la madre de todas las movilizaciones”, ¿no se está llenando de expectativas esta jornada?

MP: Expectativas sobre movilización debemos tenerlas todos y además, sentirnos orgullosos de poderlas construir. Me refiero a participación masiva, a cuánta gente va. Creo que es correcto para una nueva mayoría que debe asumirse así sin complejos. En lo que coincido es en que, debemos ser cautos y respetuosos en que esta sea la lucha final o que aquí se acaba todo porque las expectativas erróneas generan frustraciones. El objeto del 19 de abril es mostrar cuál es el músculo de esa mayoría y que esa mayoría se pueda movilizar y pueda expresarse libremente.

Ahora, previendo obstáculos o represión, yo estoy seguro que siempre habrá formas de superar esos obstáculos. Lo que debe quedar claro es que, nuestra lucha siempre debe ser pacífica porque la Constitución nos ampara.

La semántica es importante. Podemos ufanarnos de construir expectativas de participación porque esta mayoría ha demostrado que se moviliza en las peores condiciones y en las situaciones más difíciles pero esta pelea no se acaba el 19 de abril. Es tan solo un día histórico para seguir avanzando.

¿Hasta cuándo seguirán en las calles?

MP: Hasta que logremos que todo lo que hemos planteado ocurra. La presión de calle administrada y con responsabilidad es la única garantía de que podamos avanzar y que esos avances se respeten y que luego el resultado se cumpla y ejecute.

¿Qué mensaje enviaría a esos manifestantes que, bien se sienten solos, o no tienen claros los objetivos y creen que deben tomarse otros caminos?

MP: En nuestro país la realidad se impone. Más allá de visiones diferentes tenemos que remar unidos para lograr que el país cambie. Es la hora de que todos confiemos en lo que en la sociedad hoy tiene consenso: que los caminos deben ser pacíficos y electorales, que debe haber respeto a la voluntad de la gente cuando elige y que se requiere de soluciones urgentes a la tragedia que estamos viviendo. Todavía nos falta ver partes feas y un camino complicado pero al final, como en todas las historias, los buenos siempre vamos a ganar.

¿Está la MUD a la altura de este “escenario inédito? ¿Están unidos?

MP: Estamos obligados. Hoy la Unidad está obligada a estar a la altura de la situación. Hoy estamos unidos en lo estratégico, en lo táctico. Lo que no quiere decir que estemos exentos de discusiones, diferencias o matices. Y eso es bueno que exista porque si no, habría alguien pensando por nosotros. Pero hay unidad de fondo para lo que importa y el momento histórico nos obliga estar a la altura. No es una opción.

Foto Archivo ENPaís