7 Noviembre, 2016 \

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Son 4 enunciados que todo venezolano, en el rancho o la mansión, conoce sin necesidad de explicárselos: somos millones, tenemos un país rico, la política nos embaucó y estamos muriéndonos de hambre. Es como si fuera una mezcla de nitrato de potasio con azufre y carbón, y está cerca el detonante.

Igual de simple es la Mesa de Diálogo: aquellos 30 millones quieren un referendo que saque a Nicolás Maduro, mientras que del otro lado, esa es la condición que ni aceptan, ni aceptarán. Lo demás es accesorio. Se reduce en bla bla, donde ni el Papa puede producir un milagro.

La única y verdadera importancia del bla bla, es que favorece al gobierno, porque mientras conversa, no se va.

Después de 100 años de experiencia con Rusia, 60 en Cuba y 17 en Venezuela, la comunidad internacional debería entender, que el consejo de Lenin de engañar al adversario haciendo promesas a sabiendas de no cumplirlas, nunca perdió vigencia.

En Cuba, Fidel Castro le agregó su propio sello. Creo que fue su experiencia de juventud, cuando siendo estudiante participó en Colombia en el Bogotazo por la muerte de Gaitán, y vio la fuerza de una explosión popular. Desde entonces, un rasgo de Fidel ha sido temer, dejar pasar, y  “diluir” la manifestación de masas. Así actuó frente al “Maleconazo” ocurrido el 5 de agosto 1994, cuando una gran masa popular inundó el Malecón de La Habana, marchando al grito de “libertad”. La dejó pasar, pero poco después, inició una represión selectiva y nutrida.

En Venezuela, la incertidumbre acerca de cuál sería la reacción de la Fuerza Armada funcionó para que los líderes políticos frenen a la gente cuando está dispuesta a tomar masivamente la calle. Dado que el Ejército, la Marina y la Aviación permanecen en sus cuarteles y son una incógnita, el gobierno optó por equipar los “colectivos” civiles , ha creado en 2007 un cuarto componente extraconstitucional de la Milicia Bolivariana armada de FN FAL belgas, militarizó las unidades de policía judicial CICPC y actúa a través de la Policía Política, el Sebin, bajo las órdenes directas del ministro del Interior.

En un país donde el Consejo Nacional Electoral, supremo árbitro en cada elección, es percibido como un brazo del gobierno, hubo muchas fechas en que la gente estaba dispuesta a salir a la calle y cada vez el candidato de la oposición, declarado perdedor por el CNE,  frenó ese tipo de reacción popular. Así fue cuando el CNE declaró perdedor a Manuel Rosales e igual ocurrió las dos veces con Henrique  Capriles.  Se trató, con razón, de resguardar vidas humanas, pero una creciente fracción de pueblo opositor nunca perdonó a Rosales y Capriles el autofrenazo impuesto la noche del anuncio de resultados electorales. Particularmente severa ha sido la incomprensión popular cuando Capriles perdió las elecciones presidenciales  contra Nicolás Maduro en 2013, con una diferencia oficial de 224 mil votos, discutibles dada la poca credibilidad del árbitro.

Por cuarta vez desde Rosales, la semana pasada los líderes de la oposición, frenaron a la gente, cancelando – o aplazando – una anunciada ida “a Miraflores”, justo cuando una mayoría nacional estaba presa de ira por la cancelación del Referendo Revocatorio en el 2016.  En esto parece haber sido decisiva la voluntad del Vaticano, erigido en ente “acompañante” del diálogo, al juzgar por una declaración del enviado papal, Claudio Celli, quien reconoció que fue a petición de él que “la oposición reflexionó y gracias a Dios suspendieron esta manifestación.” Su argumento es válido: dijo que lo pidió para proteger vidas humanas.

Era la cuarta vez que en un momento decisivo, la gente estaba dispuesta a arriesgarse y los frenaron. Es difícil, hasta para un cura que oye confesiones, entender el grado de exasperación de una población que padece diariamente de hambre y donde cada familia, en su seno, entre sus allegados o conocidos, se siente tocada por la muerte de personas víctimas del hampa, del hambre y enfermedades letales por ausencia de fármacos.

La acción del Vaticano, sin saber sabiendo, llegó a coronar otros factores de vieja data.  El gobierno preparaba el “Diálogo” desde hace más de un año, logrando paso a paso importantes apoyos internacionales para los “mediadores” que tenía escogidos: Ernesto Samper por Unasur, Zapatero por la Unión Europea, Torrijos y Leonel Fernández por “americanos”. Para afianzarlos, logró avales en la comunidad internacional y a la MUD se le hizo imposible rechazarlos sin enemistarse con sus propios aliados..

Por mera coincidencia, tal como lo explicó Rafael Poleo en el último número de la revista Zeta, la anunciada marcha a Miraflores hubiese coincidido con el decisivo voto presidencial norteamericano del estado de Florida. Poleo dice que la intervención del Vaticano obedeció al temor de una desestabilización que podía afectar al primer mundo y remata: “el sacrificio que la Oposición ha hecho al diferir su momentum, tuvo que hacerlo bajo la presión de sus dos aliados -por cierto, circunstanciales- de mayor importancia: los Estados Unidos de América y la Santa Sede. La MUD simplemente no podía negarse, so pena de enajenarse esos apoyos.”

Las elecciones norteamericanas son el 8 de noviembre. La fecha tope de la MUD para que el “diálogo” presente resultados, es el 11 de noviembre.

La Iglesia venezolana ha sido muy clara y es la que asesora a Francisco: solución electoral es lo que se necesita. Yo agregaría que si no la hay, no vale diálogo alguno. Lo mismo dijo el Secretario General de la OEA, Luis Almagro, quien habló también de vigilancia electoral. Y lo mismo dicen millones de venezolanos que quieren votar y exigen hacerlo sin trampas del gobierno.

Fracasado el diálogo en esa primera fase “made in Cuba”, sin duda, Ramos Allup, presidente de la Asamblea Nacional,  debe tener soluciones alternas bajo la manga, pero no puede demorar, porque Venezuela toda, no aguanta más.

Hasta ahora, la MUD ha ido cerrando pacientemente un cerco bien pensado. ¿O me equivoco? Por ejemplo, los magistrados instantáneos y las rectoras caducas, sin mucho diálogo, que ni hace falta. O el reconocimiento de la Asamblea, para darle instrumentos de acción inmediata. Pero por Dios o por el Papa, que sea pronto. Digo yo…

Imagen destacada: Gabriela González