14 Marzo, 2017 \

Comparte este artículo en tus redes sociales:


Revolución y elecciones no son realidades que van de la mano. Pero en Venezuela mandan las mafias y ha habido “votaciones”, que es otra cosa.

En Venezuela existe una revolución nominal, o más bien una hegemonía transmutada en delincuencia organizada que se autodenomina con el término “revolución”. En las revoluciones propiamente dichas, sobre todo las ideológicamente identificadas con la extrema izquierda, no suelen haber elecciones. Nunca las hubo en la Unión Soviética, no las ha habido en la República Popular China y desde luego jamás se han celebrado elecciones durante las casi seis décadas de la llamada “revolución cubana”.

Pero en la Venezuela del siglo XXI, al menos durante un largo período, sí se realizaron elecciones y referendos. Amañados y controlados desde el poder, especialmente a partir del proceso revocatorio del 2003-2004, pero se hacían votaciones periódicas, e incluso frecuentes, para darle una “fachada democrática” al despotismo que se venía montando paso a paso, al alimón entre Chávez y Fidel Castro. Ello era así, a contravía de la tradición revolucionaria, acaso por dos razones principales.

Una, que en Venezuela imperaba ya a finales del siglo XX, una cultura democrática para la cual las elecciones eran el mecanismo único para la determinación del poder. Y esa cultura estaba tan arraigada que no se podía borrar de la noche a la mañana. Y otra, porque los niveles de popularidad del señor Chávez, alimentados por la bonanza petrolera, y aliñados en los comicios bajo la egida del CNE, permitían que las votaciones se convirtieran en instrumentos de legitimación interna y de propaganda externa.

Ahora bien, esas dos razones principales forman parte del pasado. No hay altos niveles de apoyo a la hegemonía, sino un rechazo mayoritario y creciente, como lo reflejaron las elecciones parlamentarias del 2015, y como lo sabe y lo siente todo el mundo en Venezuela, comenzando por los jerarcas del poder y sus patronos castristas. Y la cultura democrática, aunque latente en la vida social, se ha desdibujado tanto, que lo que otrora habría sido inaceptable, ahora se ha vuelto normal. “Esto es lo que hay”, se escucha mucho de voceros reconocidos de la oposición política.

En esas condiciones, se hará difícil que se convoquen elecciones, así tengan todas las características del fraude continuado. En el “mar de la felicidad”, todavía se afirma en las cúpulas del poder: “¿elecciones para qué”? Y Maduro y los suyos están alegando que se encuentran demasiado ocupados, como para pensar en elecciones… En ese sentido, negaron el revocatorio del 2016, negaron las elecciones regionales del 2016, han ilegalizado ilegalmente a los partidos políticos no oficialistas, y hasta ahora no ha pasado nada. Esperemos y luchemos para que eso cambie.

flegana@gmail.com