15 Abril, 2017 \

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Hay un horror contenido en el ánimo de todos -no sería justo excluir de eso al pueblo chavista- por lo que le pueda ocurrir al general Ángel Vivas, secuestrado hace siete días por la inteligencia militar. Hay la percepción de que ha sido espantosamente torturado.

Vivas no es un hombre peligroso. Simplemente protestó, utilizando para eso la vía regular, la imposición a los militares de gritar consignas castristas como el repudiado “Patria, socialismo o muerte”. De eso hace tres años y desde entonces se recluyó en su casa. Se supone que su opinión no tiene respaldo en la Fuerza  Armada. ¿Por qué entonces ese procedimiento brutal de secuestrarlo en una emboscada y desaparecerlo?

A fin de cuentas, el general Vivas no es sino un romántico que en una bizarra protesta individual llamó la atención de sus compatriotas y luego cayó en el olvido, cubierto su episodio por hechos traumáticos como el desastre económico y la revuelta popular. Someterlo a cárcel y tortura prueba la cobardía de los sálicos que le humillan y en él humillan a los millones de ciudadanos que no quieren esa patria en socialismo y muerte propuesta por el señor Maduro y el capitán Cabello.