16 septiembre, 2015 \

Comparte este artículo en tus redes sociales:


thumbnail

B

Para Lucía Pizzani (Caracas, 1975), ser artista plástico es como cualquier otra carrera, es como ser periodista, abogado o contador, con la excepción de que algunos hacen licenciaturas y maestrías, y otros no. Aún así, es una profesión que requiere tiempo, dedicación y organización. “Hay demasiados clichés asociados al ‘artista’, aquella idea del casi siempre hombre, en su taller, excéntrico, iluminado, etc. Hoy en día los artistas, tienen otros trabajos para poder sobrevivir, llenan planillas y hacen propuestas para aplicar a becas o residencias y estudian como todos los demás mortales su licenciatura, maestrías y doctorados”, comenta la artista caraqueña. Actualmente en Venezuela, sin embargo, ejercer como artista es un tema un poco más delicado. Si bien la competencia no es tan fuerte como en otros países, como Reino Unido o Francia, lo cierto es que no hay buen financiamiento para las instituciones artísticas, conseguir materiales es un reto y poder costearlos es casi imposible.

Para una persona que vive o intenta vivir de su arte, hacerlo en un país que económica y socialmente pone cada vez más piedras en el camino es bastante desalentador, incluso para los venezolanos residentes de otros países que quieren exponer en el país la tarea es cada vez más difícil por temas de importación y exportación de obras. Tan solo hace un par de años, taladraban en aduana los paquetes que salían del país para revisar si tenían drogas, y además de un par de computadoras, varios lienzos y esculturas sufrieron sin piedad. Sin embargo, el arte en muchos aspectos es sobre romper fronteras y abrir caminos, cosa que hacen espacios como El Centro de Arte Los Galpones, lugar en el que Lucía Pizzani acaba de exponer junto a más de una docena de artistas entre los que están Arturo Herrera, Rodrigo Machado Iturbe, Víctor Lucena, Daniel Medina y Sigfredo Chacón.

V.A: Acaba de finalizar la exposición en Los Galpones titulada Selección – Relación en la que participaste con varios artistas ¿qué nos puedes contar de ella?

L.P: Tuve la oportunidad de visitar el Espacio Monitor en julio cuando pase brevemente por Caracas y quede muy gratamente sorprendida de ver mi pequeña escultura de cerámica al lado del un obra muy grande de Arturo Herrera y frente a una escultura de José Dávila y ver que funcionaba a pesar de las diferentes escalas y del espacio. Fue un placer exhibir con Miguel Miguel y Luis Miguel La Corte en esta colectiva y tenemos otra planificada donde tendré una nueva serie fotográfica. El Centro de Arte Los Galpones es de los pocos oasis que hay en Caracas donde la gente se reúne para ver exposiciones, cine, charlas y cursos. Allí tuve mi individual Mariposario con Oficina #1 en Diciembre del 2013 y nos fue muy bien.

V.A: Además de lo expuesto en Selección – Relación, ¿qué nos puedes contar de tu obra más reciente?

L.P: Mi proyecto más reciente fue Un Jardín para Beatrix exhibido en Cecilia Brunson Projects en Londres, un homenaje a Beatrix Potter la famosa escritora inglesa. Lo que me interesó sobre ella fue esa imposibilidad de realizarse como científica por el sólo hecho de ser mujer.

Sus descubrimientos sobre la reproducción de los hongos por sus esporas me inspiraron a hacer un jardín vertical con fotografías e ilustraciones de hongos, algunas de ellas son de la propia Potter, y sobre este gran collage coloqué esculturas de porcelana que son una mezcla de formas vegetales y corporales. Además de este gran mural de 7 metros, realicé una serie de placas fotográficas al colodión húmedo, técnica de esa misma época victoriana, que son como unos bodegones vegetales, y capullos antes de eclosionar, corpóreos y abstractos a la vez.

La tercera obra de la muestra fue “Mujeres no Identificadas” también exhibida recientemente en el Centro de Arte Los Galpones como artista invitada en el Salón Jóvenes con FIA, que muestra una serie de daguerrotipos antiguos sin información alguna sobre la mujer retratada. A su lado hay una serie de frases leídas por mujeres de varios países de habla hispana e inglesa, que son titulares de prensa sobre casos de “Mujeres no Identificadas” donde los roles asignados históricamente a las mujeres enuncian casos de violencia y desigualdad de género.

V.A: Ya que has tenido la oportunidad de ver de cerca y has participado en el mundo del arte de varios continentes y países, ¿Cómo caracterizarías el arte que se esta dando en Venezuela actualmente?

L.P: No creo que se pueda hablar de una sola corriente predominante ya que la escena es bastante diversa. Se sigue viendo el arte abstracto y geométrico, herencia histórica, apoyada por el mercado y paralelamente otras tendencias hacia el video, la fotografía y el performance. De hecho se acaba de realizar la Primera Bienal Internacional de Performance en la que participé a distancia con un video. En los últimos años ha habido un cambio generado por la misma situación del país. Los artistas cada vez más están tocando temas políticos y sociales, y cuestionando los símbolos y figuras históricas que ha masificado el régimen, como por ejemplo la imagen de Bolívar. Por otro lado los salones de jóvenes artistas cada vez más reflejan esa diáspora en la que nos hemos convertido los venezolanos. En el Premio Mendoza en que yo participé en el 2013 de los 12 artistas exhibiendo 6 vivían fuera y dos más emigraron este año.

V.A: Con el propósito de que los lectores entiendan un poco cómo la situación nacional actual afecta a los artistas a nivel profesional, te pregunto: ¿Tienes alguna anécdota que compartir acerca de tus experiencias como artista en Venezuela?

L.P: Una de mis primeras exposiciones individuales, que fue en La Carnicería, espacio que dirigía Carmen Araujo en la escuela de Roberto Mata, coincidió con el cierre de RCTV. Hubo marchas y protestas, fueron días muy raros donde por supuesto nadie estaba pensando en ir a ver arte. Luego años después cuando inauguré mi individual en la Sala Mendoza que fue parte del Premio Mendoza a finales de enero del 2014, al poco tiempo explotaron las protestas estudiantiles y el caos en Altamira, donde por cierto yo me estaba alojando con mi esposo y mi hijo de 3 años. Para esa muestra me fue difícil conseguir materiales para el montaje. Uno siente que cada proyecto allá es un acto de resistencia, por eso yo aprecio mucho los esfuerzos que hacen los centros de arte, galerías y otros espacios alternativos ante una situación de permanente crisis.

V.A: Para un artista la parte económica tiene un peso muy importante que a veces puede afectar en gran medida la producción creativa, los temas a desarrollar, los medios y técnicas, la gente para quien está dirigida la obra, etc. ¿Cómo mantienes un balance entre la parte económica y creativa?

L.P: Cuando visitas exposiciones en la Tate o en estas galerías que ya son casi transnacionales como la White Cube y ves obras monumentales sin límites de costos pues te da mucho que pensar.

Hay maneras de acceder a fondos en ciertos países donde dan dineros para el arte, sin embargo aquí en Inglaterra estos han sufrido bastantes recortes. Yo creo que las limitaciones pueden ser interesantes ya que se genera un proceso de hacer la obra posible con los recursos que se tienen y eso puede traer alternativas innovadoras. Hay que mantener el balance porque si no estás en un circuito de galerías comerciales grandes, no tienes asegurada ninguna venta. Además no todas las obra son recibidas de la misma forma, porque a veces se trata de temas duros como cuando trabajé el suicidio en las Ofelias contemporáneas, que son menos exitosos a nivel comercial.

V.A: Como señalaste anteriormente, hay una concepción equivocada que gira en torno a la idea del “artista”, comúnmente relacionada con la fama y ser una estrella rock n roll. ¿Cómo es en realidad la vida de un artista? ¿Qué haces por las mañanas, cómo defines tus horarios de trabajo, haces un proceso de investigación para realizar tus obras?

L.P: No creo que la vida de una persona este definida por el hecho de ser artista, si no por las circunstancias personales de cada quien. En mi caso organizo con bastante flexibilidad los horarios, tengo mi taller cerca de casa y también trabajo en una universidad donde realizo mis cerámicas en el grupo de estudiantes avanzados con tutores que nos orientan en temas de técnica. La investigación es permanente y es un proceso que no sólo se trata de buscar en los temas específicos para los proyectos que hago si no también de una constante visita a exposiciones, charlas y otros eventos que ofrece una cuidad como Londres.

V.A: Finalmente, ¿tienes algún consejo para un venezolano que quiera iniciarse en el mundo del arte?

L.P: Mucho esfuerzo y mucha constancia. Investigar, leer y compartir con otros artistas es muy importante también. Actualmente además del UNEARTES hay otros cursos y maestrías unas dictadas por la Sala Mendoza junto a la Unimet y siempre hay cursos y simposios muy interesantes como el que organiza la Fundación Cisneros en la Universidad Central con invitados nacionales e internacionales. Otras alternativas son las becas para hacer estudios fuera o irse un tiempo de residencia que siempre te llena de nuevas experiencias e información para el desarrollo de la obra.