20 Marzo, 2017 \

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Algunas veces los movimientos políticos de aspecto ingenuo y generación aparentemente espontánea son eso que parecen ser, pero en la mayoría de los casos se trata de negocios de maletín que buscan una figura notoria o relevante de nombre traficable con el cual se recaudan fondos que terminan en los bolsillos de los promotores. Dolorosos ejemplos fueron los de Alirio Ugarte Pelayo y mi amigo Rinaldo Ottolina Pinto. Alirio se suicidó cuando ya tenía hipotecado hasta el hogar. Renny se embarcó en una aventura que le costó la vida cuando subió a un avión cuyo piloto no tenía la experiencia necesaria para volar sobre la Cordillera de la Costa. Murió en el intento, pero sus promotores tuvieron tiempo para recoger buen dinero y aún después de muerto les fue rentable bajo la forma de diputados al Congreso de la República.

Claro de criterio y/o bien aconsejado, El Chico del Flequillo no permitió que los “espontáneos” de su candidatura llegaran demasiado lejos en un proyecto que olía a dinero. A quienes en él vieron la posibilidad de negocio los dejó con los crespos hechos apenas a dos días de haber arrancado la campaña. Esa rápida determinación pone a salvo la única organización industrial de gran envergadura que queda en el horizonte nacional. ¡Larga vida a Polar!